La democracia y la cultura han sido vilmente profanadas, tomadas por la fuerza a través de una ley paradójicamente ilegal. Suplantar al juez de sus competencias (es lo que hace el comité administrativo que va a instaurar para el cierre de páginas web) viola el artículo 20.5 de la Constitución (es anticonstitucional), viola la neutralidad en la red, el derecho a la intimidad, el derecho a la protección de datos, el derecho a la presunción de inocencia y algunas directivas de la UE, tales como el derecho a la libre prestación de servicios y las relacionadas con el Comercio Electrónico.
La Ley Sinde pasará a engrosar las páginas negras de la historia de España por ser la Inquisición del Siglo XXI, fruto del sometimiento de la soberanía de nuestro país a otro país (EEUU), y a los intereses de un grupo exclusivo de lobbies que dicen defender la cultura, pero que la han pervertido, la han arruinado y la han expoliado para costear sus propios lujos a costa del bolsillo y la vergüenza de todos los ciudadanos de un país. Han doblegado a nuestros débiles y corruptibles gobiernos, han impuesto sus intereses millonarios, han pisoteado las normas fundamentales de la Democracia, han saltado por encima de la Ley, han impuesto su propio impuesto recaudatorio (no sancionador), gestionado por ellos mismos y para ellos mismos, con el que luego han cometido un fraude a los autores que defienden y a la Hacienda Pública. PP y CIU han apoyado la Ley Sinde para imponer sus intereses para reformar este canon declarado ilegal por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que, presumiblemente, grabará ahora a más dispositivos, e incluso a las comunicaciones.
La Ley Sinde va a ser aprobada, tras la traición de nuestros gobernantes y de nuestra oposición a la confianza de los millones de ciudadanos que les dieron el voto. No han escuchado la voz de aquellos quienes les pusieron donde están. Han creado una generación maldita en la cultura y en la economía de este país, en el momento que más necesitábamos de la cultura y de la innovación tecnológica. Nos han hipotecado y nos han bajado a la cola del desarrollo.
Hoy, más que nunca, hace falta la unión de los españoles y no olvidar esta afrenta. En tres meses tendremos elecciones autonómicas y locales, y dentro de un año las estatales. Ahí es donde los ciudadanos podremos responder e imponer nuestra opinión ante este y otros errores que han cometido tanto PSOE como PP.
He creado diez ideas antiSinde, a modo de protesta ante esta violación de nuestros derechos fundamentales:
1) Dejar comentarios con enlaces en medios de PSOE, PP y CIU. Aplicando su propia ley, deben cerrarlos.
2) Dejar enlaces en emails, tweets y SMS, de candidatos de PSOE, PP y CIU. Aplicando su propia ley, han de cerrarlos.
3) No votar a PSOE, PP y CIU. Votar a partidos que se negaron a esta ley y escucharon a los ciudadanos, como UPyD
4) Darse de baja en las operadoras que apoyen la Ley Sinde.
5) No comprar obras de creadores proSinde. Consumir obras Copyleft, Creative Commons…
6) Usar software libre y redes encriptadas, ubicadas fuera de nuestro país.
7) Aplicar ideas 1 y 2 a medios de gestoras de Derechos de Autor, como SGAE.
8) Crear y usar plataformas culturales atractivas y económicas, como Netflix o Spotify.
9) Abogar por la cultura libre, abierta y sin propietarios. Crear la plataforma eCultura.
10) Convocar 1 huelga general, con desconexión de ordenadores, teléfonos móviles y wifis.
La cultura es de la humanidad, y nadie puede poseerla y aún menos expoliarla. Por la cultura, por la neutralidad en la red, por el derecho a la privacidad, por la libertad, por la tecnología, por internet y por el desarrollo económico, haz valer tus derechos.
Reflexiones, artículos, opiniones, recomendaciones, noticias... sobre la tecnología.
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domingo, 13 de febrero de 2011
miércoles, 2 de febrero de 2011
El fracaso anunciado de la Ley Sinde
El título hará reír a más de uno, puesto que la Ley Sinde será aprobada por una mayoría aplastante de parlamentarios, pertenecientes a PSOE, PP y CIU. Pero su aprobación no será un triunfo, si no un rotundo fracaso.
No puede ser un triunfo aprobar una Ley que perjudique a 45 millones de españoles, al desarrollo y a la competitividad de empresas innovadoras, o que la inversión no entre en nuestro país para irse a aguas más tranquilas, cuando la crisis y el paro demandan quitar frenos y lastres.
No puede ser un triunfo que esos parlamentarios den la espalda a los millones de personas que les votaron, pensando únicamente en sus propios intereses o callar ante las directivas de sus partidos.
No puede ser un triunfo que esta Ley se apruebe por un pacto entre adversarios, y que el resultado de dicho pacto sea la reforma del canon digital, declarado ilegal por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, tratando de aplicarlo a más dispositivos o medios, e incluso a las comunicaciones (como la ADSL).
No puede ser un triunfo que esta Ley la proponga el Partido Socialista, cuando en 2002 se opuso a los mismos propósitos de la misma, dentro de la LSSI que pretendía aprobar el PP, entonces en el Gobierno.
No puede ser un triunfo apartar a los jueces de sus competencias para cerrar páginas web que contengan enlaces, o que un comité administrativo afín a los intereses de un gobierno manipulado por los lobbies de la cultura, pueda cerrar cualquier servicio de la red por interpretar (de forma preventiva y ambigua, por simple presunción) pueda causar dolo patrimonial. El motivo de esta aberración es como quitar al árbitro de un partido que siempre ha pitado con juicio e imparcialidad según las leyes de la democracia, la libertad y la justicia, para relegarlo a la banda, y poner un árbitro que pite a favor de sus oscuros intereses.
No puede ser un triunfo aprobar una ley paradójicamente ilegal, pues viola el artículo 20 de la Constitución, al suplantar las funciones de un juez. Asimismo contraviene las directivas europeas del Comercio Electrónico y de la protección de datos.
No puede ser un triunfo una ley que, de aplicarse estrictamente, podría criminalizar a buscadores (como Google), o a servicios Web 2.0, como redes sociales (Facebook, Tuenti…), blogs (Blogger, WordPress…) o microblogging (Twitter). Cualquier usuario que deje un comentario, opinión, respuesta, etc., a otros usuarios, puede dejar un enlace a una obra. ¿Hay que controlar y censurar la participación viral?. La Ley Sinde atenta contra la neutralidad en la red y los derechos fundamentales de la libertad de expresión y de la participación, imponiendo la censura.
No puede ser un triunfo una ley estéril que no puede aplicarse a lo que pretende defender. No tiene jurisdicción sobre servidores ni páginas alojadas fuera del país (más del 90%), ni sobre aplicaciones P2P, las cuales no usan páginas de enlace, si no buscadores. Además, las páginas de enlace no contienen obras, ni reproducen ninguna parte de las obras, ni las difunden públicamente, por lo que no hay delito contra la propiedad intelectual ni contra los derechos de autor, como así han interpretado y fallado todos los jueces hasta el momento, a los que ahora van a despachar por estorbar.
No puede ser un triunfo una ley que va a aprobar un gobierno títere y manipulable, que cede a los caprichos de otro país (EE.UU), menoscabando y poniendo en duda nuestra propia soberanía. Así como tampoco, que ceda ante los chantajes de los lobbies culturales, un grupo exclusivo y privilegiado, anteponiendo los intereses de este sector minoritario a los derechos fundamentales de todo un país.
No puede ser un triunfo una ley que blinda aún más derechos y leyes feudalistas sobre la propiedad intelectual, en lugar de reformarlas, mejorarlas y adecuarlas al Siglo XXI, condenándolas a prolongar su extinción por la vía más agónica y dolorosa, que es la disconformidad y el rechazo de toda la sociedad española, quien tiene el derecho a una cultura libre y abierta.
No puede ser un triunfo una ley que, en lugar de ayudar a la industria cultural a ser más innovadora, competente, solvente y rentable la entierra en un prehistórico y desgastado modelo de más de un siglo. El Siglo XXI está aquí, la sociedad de la información es nuestra sociedad, la tecnología es el trampolín de la cultura y de la empresa. Empresas como iTunes, Netflix, Spotify o Kindle, han demostrado que las nuevas tecnologías abren un mercado mucho más rápido, más directo, más accesible, más económico, más rentable y más lucrativo, siendo, además, más justos en la explotación de las obras y en la remuneración a los autores. Esta ley supone situar a España en la cola cultural y empresarial, algo así como obligar a los taxistas seguir usando una calesa tirada por un caballo, cuando el resto del mundo se mueve con el automóvil.
No puede ser un triunfo una ley que sigue discriminando y sometiendo a los autores y artistas a las normas dictadas por el lobby cultural, que imponen la exclusividad y una pesada hipoteca sobre las obras y los propios autores, en lugar de impulsar y promocionar alternativas más abiertas, libres y respetuosas de derechos de autor, como el Copyleft o la Creative Commons.
A tenor de todo lo anterior, la Ley Sinde, a pesar de que sea aprobada en el Congreso, realmente habrá sentado un precedente de repudia y rechazo en los ya más que hartos ciudadanos, autores y empresarios de la industria cultural, atónitos e impasibles ante las tropelías constantes de los lobbies. Creará más rechazo hacia los partidos políticos que darán el SI a esta ley, al sentirse defraudados y traicionados. Y eso pasará factura en las urnas.
Al final, la Ley Sinde será derogada ante su inutilidad y por el daño ocasionado, para vergüenza de todos. Será un rotundo fracaso.
No puede ser un triunfo aprobar una Ley que perjudique a 45 millones de españoles, al desarrollo y a la competitividad de empresas innovadoras, o que la inversión no entre en nuestro país para irse a aguas más tranquilas, cuando la crisis y el paro demandan quitar frenos y lastres.
No puede ser un triunfo que esos parlamentarios den la espalda a los millones de personas que les votaron, pensando únicamente en sus propios intereses o callar ante las directivas de sus partidos.
No puede ser un triunfo que esta Ley se apruebe por un pacto entre adversarios, y que el resultado de dicho pacto sea la reforma del canon digital, declarado ilegal por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, tratando de aplicarlo a más dispositivos o medios, e incluso a las comunicaciones (como la ADSL).
No puede ser un triunfo que esta Ley la proponga el Partido Socialista, cuando en 2002 se opuso a los mismos propósitos de la misma, dentro de la LSSI que pretendía aprobar el PP, entonces en el Gobierno.
No puede ser un triunfo apartar a los jueces de sus competencias para cerrar páginas web que contengan enlaces, o que un comité administrativo afín a los intereses de un gobierno manipulado por los lobbies de la cultura, pueda cerrar cualquier servicio de la red por interpretar (de forma preventiva y ambigua, por simple presunción) pueda causar dolo patrimonial. El motivo de esta aberración es como quitar al árbitro de un partido que siempre ha pitado con juicio e imparcialidad según las leyes de la democracia, la libertad y la justicia, para relegarlo a la banda, y poner un árbitro que pite a favor de sus oscuros intereses.
No puede ser un triunfo aprobar una ley paradójicamente ilegal, pues viola el artículo 20 de la Constitución, al suplantar las funciones de un juez. Asimismo contraviene las directivas europeas del Comercio Electrónico y de la protección de datos.
No puede ser un triunfo una ley que, de aplicarse estrictamente, podría criminalizar a buscadores (como Google), o a servicios Web 2.0, como redes sociales (Facebook, Tuenti…), blogs (Blogger, WordPress…) o microblogging (Twitter). Cualquier usuario que deje un comentario, opinión, respuesta, etc., a otros usuarios, puede dejar un enlace a una obra. ¿Hay que controlar y censurar la participación viral?. La Ley Sinde atenta contra la neutralidad en la red y los derechos fundamentales de la libertad de expresión y de la participación, imponiendo la censura.
No puede ser un triunfo una ley estéril que no puede aplicarse a lo que pretende defender. No tiene jurisdicción sobre servidores ni páginas alojadas fuera del país (más del 90%), ni sobre aplicaciones P2P, las cuales no usan páginas de enlace, si no buscadores. Además, las páginas de enlace no contienen obras, ni reproducen ninguna parte de las obras, ni las difunden públicamente, por lo que no hay delito contra la propiedad intelectual ni contra los derechos de autor, como así han interpretado y fallado todos los jueces hasta el momento, a los que ahora van a despachar por estorbar.
No puede ser un triunfo una ley que va a aprobar un gobierno títere y manipulable, que cede a los caprichos de otro país (EE.UU), menoscabando y poniendo en duda nuestra propia soberanía. Así como tampoco, que ceda ante los chantajes de los lobbies culturales, un grupo exclusivo y privilegiado, anteponiendo los intereses de este sector minoritario a los derechos fundamentales de todo un país.
No puede ser un triunfo una ley que blinda aún más derechos y leyes feudalistas sobre la propiedad intelectual, en lugar de reformarlas, mejorarlas y adecuarlas al Siglo XXI, condenándolas a prolongar su extinción por la vía más agónica y dolorosa, que es la disconformidad y el rechazo de toda la sociedad española, quien tiene el derecho a una cultura libre y abierta.
No puede ser un triunfo una ley que, en lugar de ayudar a la industria cultural a ser más innovadora, competente, solvente y rentable la entierra en un prehistórico y desgastado modelo de más de un siglo. El Siglo XXI está aquí, la sociedad de la información es nuestra sociedad, la tecnología es el trampolín de la cultura y de la empresa. Empresas como iTunes, Netflix, Spotify o Kindle, han demostrado que las nuevas tecnologías abren un mercado mucho más rápido, más directo, más accesible, más económico, más rentable y más lucrativo, siendo, además, más justos en la explotación de las obras y en la remuneración a los autores. Esta ley supone situar a España en la cola cultural y empresarial, algo así como obligar a los taxistas seguir usando una calesa tirada por un caballo, cuando el resto del mundo se mueve con el automóvil.
No puede ser un triunfo una ley que sigue discriminando y sometiendo a los autores y artistas a las normas dictadas por el lobby cultural, que imponen la exclusividad y una pesada hipoteca sobre las obras y los propios autores, en lugar de impulsar y promocionar alternativas más abiertas, libres y respetuosas de derechos de autor, como el Copyleft o la Creative Commons.
A tenor de todo lo anterior, la Ley Sinde, a pesar de que sea aprobada en el Congreso, realmente habrá sentado un precedente de repudia y rechazo en los ya más que hartos ciudadanos, autores y empresarios de la industria cultural, atónitos e impasibles ante las tropelías constantes de los lobbies. Creará más rechazo hacia los partidos políticos que darán el SI a esta ley, al sentirse defraudados y traicionados. Y eso pasará factura en las urnas.
Al final, la Ley Sinde será derogada ante su inutilidad y por el daño ocasionado, para vergüenza de todos. Será un rotundo fracaso.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Gracias, Sinde
Ayer se extinguió el intento golpista de la ley más polémica y antidemocrática de la última década, en un órdago que el gobierno creyó ganar e imponer con sus cartas marcadas. Poco le sirvió intentar camuflarla dentro de un paquete de leyes diferente. Poco le sirvió intentar presionar y negociar con el resto de partidos políticos. Poco le sirvió los argumentos dóciles intentando convencer de que no hay segundas intenciones y de trasfondo. Al final, PSOE se quedó sólo, con el sabor amargo de una derrota sin precedentes, indicador clave de una crisis de gobierno, condimentado con una tendencia de otras crisis que le han venido grandes y de las que no ha sabido estar a la altura.
La ley Sinde lleva dando bandazos desde su nacimiento (hace ya mucho tiempo), encontrando barreras allá donde va, pues es antipopular. Gracias a Wikileaks nos enteramos de que esta ley viene escrita desde EEUU, cuyo gobierno, simpatizante (o calzonazos) de la industria cinematográfica de Hollywood, ha estado presionando a nuestro gobierno, a pesar de los informes de casos infructuosos de cierres de páginas web en nuestro país. Y es que en nuestras salas de cine, más del 85% de las películas proyectadas son "made in USA", y eso no es suficiente para la infinita codicia de unos magnates anticuados. Hay que acusarnos de ser el país más pirata del mundo, cuando de siempre se ha sabido que nuestros galeones eran asaltados y hundidos por piratas de otros países. La acepción de la palabra pirata, según el diccionario de la Real Academia de la lengua Española, es la siguiente:
"Persona que, junto con otras de igual condición, se dedica al abordaje de barcos en el mar para robar.
Persona cruel y despiadada.
Persona que, bajo amenazas, obliga a la tripulación de un avión a modificar su rumbo."
Sería irónico pensar que una ama de casa, un estudiante adolescente, un señor jubilado, un autónomo, un "currito", o cualquiera de los millones de personas a los que se les acusa de piratas, vayan por la calle sembrando el pánico cruelmente, amenazando despiadadamente al resto de ciudadanos. Es calumnioso, cuanto menos. Se está faltando el respeto de millones de personas y de un país.
Nuestro gobierno ha cedido a las presiones de una industria decadente condenada a la extinción. No digo ésto sin una buena razón. Internet y la sociedad de la información están aquí desde hace casi dos décadas. Es una revolución sin precedentes en la historia, incluso mayor que la revolución industrial. Esta revolución ha calado en la sociedad, en las economías, en los negocios, en las políticas... en todo, salvo la industria de la cultura. Ha revolucionado en la forma de comunicarnos, de expresarnos, de comprar, de consultar información, de planificar nuestras vacaciones, de compartir intereses... Todo se está adaptando y evolucionando en torno a la sociedad de la información, porque es beneficioso y porque cubre las necesidades de los compromisos sociales y económicos. Cualquier empresa hoy en día tiene su página en internet, y ha adaptado su modelo de negocio a la web. Desde hace ya tiempo, los ciudadanos, antes de comprar, consultan productos y precios en internet, se informan bien sobre sus características y ventajas, y, por último compran aquello que mejor se adapta a sus necesidades personales. Sin embargo, la industria cinematográfica y de la música, no quieren evolucionar, y se aferran agónicamente al obsoleto modelo de negocio que tanto beneficio les ha dado durante tantos años antes de la revolución de la información. Es cierto que podemos comprar películas y música a través de internet, pero no aportan ningún valor añadido con respecto al formato tradicional. ¿Por qué pagar el mismo precio por una canción en formato electrónico que en formato físico (precio/canción), si la discográfica se ahorra costes de producción, logística y tienda? Si esta industria no innova, no escucha ni satisface las necesidades de los consumidores de esta época, está condenada a su extinción.
No entraré en más detalles sobre asuntos de los que ya se han discutido y sobre los que se han escrito ríos de tinta. Me concentraré en la polémica ley Sinde y lo que dicha ley ha supuesto estos días. Pero no voy a dar más datos de los que ya se conocen y que se pueden consultar en otros medios, principalmente en http://sindegate.net.
Me gustaría dar las gracias a Sinde y a su ley. No, no me estoy volviendo loco. Lo digo seriamente y con sinceridad. GRACIAS, SINDE. Pero, ¿Por qué? Por que la ley Sinde hay tenido éxito. Pero no el éxito que se esperaba. Si no el éxito de movilización de miles de ciudadanos para expresar libremente su opinión. Las barricadas ya no están en la calle, si no en la red, donde hay un movimiento más multitudinario, más social, más rápido, más interactivo, y más efectivo. Las redes sociales estaban a rebosar de proclamas y activistas. Las redes sociales se convirtieron en cacerolas hirvientes de opiniones ciudadanas.
Donde más ciudadanos se encontraron, donde más ciudadanos expresaron libremente su rechazo a esta ley, donde más ciudadanos coincidieron y lucharon, fue, sin duda alguna, Twitter.
Este medio, nacido de la idea de los SMS, se convirtió en el medio por el cual el interés sobre esta ley se multiplicó viralmente hasta límites incuantificables. Durante el lunes y el martes (anteayer y ayer), seguimos con gran interés los tweets que a cada segundo se recibían en distintos canales, tales como #leysinde o #sindegate. Hubo más canales, sin duda alguna, pero estos fueron los reyes de la batalla de los medios.
Por ello, Ángeles González-Sinde, le quiero dar las gracias por su ley, pues ha despertado el interés de ciudadanos que creíamos dormidos, y que, a pesar de la lluvia y el frío, se han manifestado a través de internet para expresar su repulsa a una ley que no es más que espasmo delirante de una agonizante industria que se muere por no evolucionar. Le quiero dar las gracias por descubrir, sin que lo previese ni quisiese, un movimiento de expresión más popular y efectivo que una manifestación o un referendum. Le quiero dar las gracias por poner de acuerdo y reafirmar las convicciones de la mayor parte de los ciudadanos de este país, de levantarles de su adormecimiento y hacerles dar un puñetazo en la mesa ante un ataque a sus derechos. Le quiero dar las gracias por hacer que millones de españoles tengan interés por informarse, por despertar del letargo de desinformación y engaño. Le quiero dar las gracias por hacer que los ciudadanos españoles sepan algo más sobre internet y sobre la propiedad intelectual, pero, sobre todo, por estimular el interés por la información y por la política (aunque sea en unas circunstancias un poco humillantes). En resumen, GRACIAS, SINDE.
Fuente: http://rhernamperez.wordpress.com/2010/12/22/gracias-sinde
La ley Sinde lleva dando bandazos desde su nacimiento (hace ya mucho tiempo), encontrando barreras allá donde va, pues es antipopular. Gracias a Wikileaks nos enteramos de que esta ley viene escrita desde EEUU, cuyo gobierno, simpatizante (o calzonazos) de la industria cinematográfica de Hollywood, ha estado presionando a nuestro gobierno, a pesar de los informes de casos infructuosos de cierres de páginas web en nuestro país. Y es que en nuestras salas de cine, más del 85% de las películas proyectadas son "made in USA", y eso no es suficiente para la infinita codicia de unos magnates anticuados. Hay que acusarnos de ser el país más pirata del mundo, cuando de siempre se ha sabido que nuestros galeones eran asaltados y hundidos por piratas de otros países. La acepción de la palabra pirata, según el diccionario de la Real Academia de la lengua Española, es la siguiente:
"Persona que, junto con otras de igual condición, se dedica al abordaje de barcos en el mar para robar.
Persona cruel y despiadada.
Persona que, bajo amenazas, obliga a la tripulación de un avión a modificar su rumbo."
Sería irónico pensar que una ama de casa, un estudiante adolescente, un señor jubilado, un autónomo, un "currito", o cualquiera de los millones de personas a los que se les acusa de piratas, vayan por la calle sembrando el pánico cruelmente, amenazando despiadadamente al resto de ciudadanos. Es calumnioso, cuanto menos. Se está faltando el respeto de millones de personas y de un país.
Nuestro gobierno ha cedido a las presiones de una industria decadente condenada a la extinción. No digo ésto sin una buena razón. Internet y la sociedad de la información están aquí desde hace casi dos décadas. Es una revolución sin precedentes en la historia, incluso mayor que la revolución industrial. Esta revolución ha calado en la sociedad, en las economías, en los negocios, en las políticas... en todo, salvo la industria de la cultura. Ha revolucionado en la forma de comunicarnos, de expresarnos, de comprar, de consultar información, de planificar nuestras vacaciones, de compartir intereses... Todo se está adaptando y evolucionando en torno a la sociedad de la información, porque es beneficioso y porque cubre las necesidades de los compromisos sociales y económicos. Cualquier empresa hoy en día tiene su página en internet, y ha adaptado su modelo de negocio a la web. Desde hace ya tiempo, los ciudadanos, antes de comprar, consultan productos y precios en internet, se informan bien sobre sus características y ventajas, y, por último compran aquello que mejor se adapta a sus necesidades personales. Sin embargo, la industria cinematográfica y de la música, no quieren evolucionar, y se aferran agónicamente al obsoleto modelo de negocio que tanto beneficio les ha dado durante tantos años antes de la revolución de la información. Es cierto que podemos comprar películas y música a través de internet, pero no aportan ningún valor añadido con respecto al formato tradicional. ¿Por qué pagar el mismo precio por una canción en formato electrónico que en formato físico (precio/canción), si la discográfica se ahorra costes de producción, logística y tienda? Si esta industria no innova, no escucha ni satisface las necesidades de los consumidores de esta época, está condenada a su extinción.
No entraré en más detalles sobre asuntos de los que ya se han discutido y sobre los que se han escrito ríos de tinta. Me concentraré en la polémica ley Sinde y lo que dicha ley ha supuesto estos días. Pero no voy a dar más datos de los que ya se conocen y que se pueden consultar en otros medios, principalmente en http://sindegate.net.
Me gustaría dar las gracias a Sinde y a su ley. No, no me estoy volviendo loco. Lo digo seriamente y con sinceridad. GRACIAS, SINDE. Pero, ¿Por qué? Por que la ley Sinde hay tenido éxito. Pero no el éxito que se esperaba. Si no el éxito de movilización de miles de ciudadanos para expresar libremente su opinión. Las barricadas ya no están en la calle, si no en la red, donde hay un movimiento más multitudinario, más social, más rápido, más interactivo, y más efectivo. Las redes sociales estaban a rebosar de proclamas y activistas. Las redes sociales se convirtieron en cacerolas hirvientes de opiniones ciudadanas.
Donde más ciudadanos se encontraron, donde más ciudadanos expresaron libremente su rechazo a esta ley, donde más ciudadanos coincidieron y lucharon, fue, sin duda alguna, Twitter.
Este medio, nacido de la idea de los SMS, se convirtió en el medio por el cual el interés sobre esta ley se multiplicó viralmente hasta límites incuantificables. Durante el lunes y el martes (anteayer y ayer), seguimos con gran interés los tweets que a cada segundo se recibían en distintos canales, tales como #leysinde o #sindegate. Hubo más canales, sin duda alguna, pero estos fueron los reyes de la batalla de los medios.
Por ello, Ángeles González-Sinde, le quiero dar las gracias por su ley, pues ha despertado el interés de ciudadanos que creíamos dormidos, y que, a pesar de la lluvia y el frío, se han manifestado a través de internet para expresar su repulsa a una ley que no es más que espasmo delirante de una agonizante industria que se muere por no evolucionar. Le quiero dar las gracias por descubrir, sin que lo previese ni quisiese, un movimiento de expresión más popular y efectivo que una manifestación o un referendum. Le quiero dar las gracias por poner de acuerdo y reafirmar las convicciones de la mayor parte de los ciudadanos de este país, de levantarles de su adormecimiento y hacerles dar un puñetazo en la mesa ante un ataque a sus derechos. Le quiero dar las gracias por hacer que millones de españoles tengan interés por informarse, por despertar del letargo de desinformación y engaño. Le quiero dar las gracias por hacer que los ciudadanos españoles sepan algo más sobre internet y sobre la propiedad intelectual, pero, sobre todo, por estimular el interés por la información y por la política (aunque sea en unas circunstancias un poco humillantes). En resumen, GRACIAS, SINDE.
Fuente: http://rhernamperez.wordpress.com/2010/12/22/gracias-sinde
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