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martes, 15 de octubre de 2013

Un SIMO en crisis

Hoy he visitado el SIMO, la feria internacional de tecnología de España. La última vez que visité el SIMO fue en 2009, cansado de la tendencia de la feria y de la ausencia del espíritu con que se fundó. Ya en 2008, el SIMO se canceló por motivo de la crisis. Pero creo que hay otros motivos más sangrantes sobre la salud de esta feria, que en su día fue un referente y unía a tantos y tantos tecnólogos.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Gracias, Sinde

Ayer se extinguió el intento golpista de la ley más polémica y antidemocrática de la última década, en un órdago que el gobierno creyó ganar e imponer con sus cartas marcadas. Poco le sirvió intentar camuflarla dentro de un paquete de leyes diferente. Poco le sirvió intentar presionar y negociar con el resto de partidos políticos. Poco le sirvió los argumentos dóciles intentando convencer de que no hay segundas intenciones y de trasfondo. Al final, PSOE se quedó sólo, con el sabor amargo de una derrota sin precedentes, indicador clave de una crisis de gobierno, condimentado con una tendencia de otras crisis que le han venido grandes y de las que no ha sabido estar a la altura.

La ley Sinde lleva dando bandazos desde su nacimiento (hace ya mucho tiempo), encontrando barreras allá donde va, pues es antipopular. Gracias a Wikileaks nos enteramos de que esta ley viene escrita desde EEUU, cuyo gobierno, simpatizante (o calzonazos) de la industria cinematográfica de Hollywood, ha estado presionando a nuestro gobierno, a pesar de los informes de casos infructuosos de cierres de páginas web en nuestro país. Y es que en nuestras salas de cine, más del 85% de las películas proyectadas son "made in USA", y eso no es suficiente para la infinita codicia de unos magnates anticuados. Hay que acusarnos de ser el país más pirata del mundo, cuando de siempre se ha sabido que nuestros galeones eran asaltados y hundidos por piratas de otros países. La acepción de la palabra pirata, según el diccionario de la Real Academia de la lengua Española, es la siguiente:

"Persona que, junto con otras de igual condición, se dedica al abordaje de barcos en el mar para robar.
Persona cruel y despiadada.
Persona que, bajo amenazas, obliga a la tripulación de un avión a modificar su rumbo."


Sería irónico pensar que una ama de casa, un estudiante adolescente, un señor jubilado, un autónomo, un "currito", o cualquiera de los millones de personas a los que se les acusa de piratas, vayan por la calle sembrando el pánico cruelmente, amenazando despiadadamente al resto de ciudadanos. Es calumnioso, cuanto menos. Se está faltando el respeto de millones de personas y de un país.

Nuestro gobierno ha cedido a las presiones de una industria decadente condenada a la extinción. No digo ésto sin una buena razón. Internet y la sociedad de la información están aquí desde hace casi dos décadas. Es una revolución sin precedentes en la historia, incluso mayor que la revolución industrial. Esta revolución ha calado en la sociedad, en las economías, en los negocios, en las políticas... en todo, salvo la industria de la cultura. Ha revolucionado en la forma de comunicarnos, de expresarnos, de comprar, de consultar información, de planificar nuestras vacaciones, de compartir intereses... Todo se está adaptando y evolucionando en torno a la sociedad de la información, porque es beneficioso y porque cubre las necesidades de los compromisos sociales y económicos. Cualquier empresa hoy en día tiene su página en internet, y ha adaptado su modelo de negocio a la web. Desde hace ya tiempo, los ciudadanos, antes de comprar, consultan productos y precios en internet, se informan bien sobre sus características y ventajas, y, por último compran aquello que mejor se adapta a sus necesidades personales. Sin embargo, la industria cinematográfica y de la música, no quieren evolucionar, y se aferran agónicamente al obsoleto modelo de negocio que tanto beneficio les ha dado durante tantos años antes de la revolución de la información. Es cierto que podemos comprar películas y música a través de internet, pero no aportan ningún valor añadido con respecto al formato tradicional. ¿Por qué pagar el mismo precio por una canción en formato electrónico que en formato físico (precio/canción), si la discográfica se ahorra costes de producción, logística y tienda? Si esta industria no innova, no escucha ni satisface las necesidades de los consumidores de esta época, está condenada a su extinción.

No entraré en más detalles sobre asuntos de los que ya se han discutido y sobre los que se han escrito ríos de tinta. Me concentraré en la polémica ley Sinde y lo que dicha ley ha supuesto estos días. Pero no voy a dar más datos de los que ya se conocen y que se pueden consultar en otros medios, principalmente en http://sindegate.net.

Me gustaría dar las gracias a Sinde y a su ley. No, no me estoy volviendo loco. Lo digo seriamente y con sinceridad. GRACIAS, SINDE. Pero, ¿Por qué? Por que la ley Sinde hay tenido éxito. Pero no el éxito que se esperaba. Si no el éxito de movilización de miles de ciudadanos para expresar libremente su opinión. Las barricadas ya no están en la calle, si no en la red, donde hay un movimiento más multitudinario, más social, más rápido, más interactivo, y más efectivo. Las redes sociales estaban a rebosar de proclamas y activistas. Las redes sociales se convirtieron en cacerolas hirvientes de opiniones ciudadanas.

Donde más ciudadanos se encontraron, donde más ciudadanos expresaron libremente su rechazo a esta ley, donde más ciudadanos coincidieron y lucharon, fue, sin duda alguna, Twitter.

Este medio, nacido de la idea de los SMS, se convirtió en el medio por el cual el interés sobre esta ley se multiplicó viralmente hasta límites incuantificables. Durante el lunes y el martes (anteayer y ayer), seguimos con gran interés los tweets que a cada segundo se recibían en distintos canales, tales como #leysinde o #sindegate. Hubo más canales, sin duda alguna, pero estos fueron los reyes de la batalla de los medios.

Por ello, Ángeles González-Sinde, le quiero dar las gracias por su ley, pues ha despertado el interés de ciudadanos que creíamos dormidos, y que, a pesar de la lluvia y el frío, se han manifestado a través de internet para expresar su repulsa a una ley que no es más que espasmo delirante de una agonizante industria que se muere por no evolucionar. Le quiero dar las gracias por descubrir, sin que lo previese ni quisiese, un movimiento de expresión más popular y efectivo que una manifestación o un referendum. Le quiero dar las gracias por poner de acuerdo y reafirmar las convicciones de la mayor parte de los ciudadanos de este país, de levantarles de su adormecimiento y hacerles dar un puñetazo en la mesa ante un ataque a sus derechos. Le quiero dar las gracias por hacer que millones de españoles tengan interés por informarse, por despertar del letargo de desinformación y engaño. Le quiero dar las gracias por hacer que los ciudadanos españoles sepan algo más sobre internet y sobre la propiedad intelectual, pero, sobre todo, por estimular el interés por la información y por la política (aunque sea en unas circunstancias un poco humillantes). En resumen, GRACIAS, SINDE.

Fuente: http://rhernamperez.wordpress.com/2010/12/22/gracias-sinde

martes, 2 de noviembre de 2010

La Diosa Tecnología

Vivimos una época sin parangón en la historia, donde la tecnología forma parte de nuestras vidas, o nuestras vidas dependen de la tecnología. Nos facilita la vida, nos da estatus, comodidad, bienestar, ocio, trabajo, relaciones, etc. Hace sólo cuarenta años, nuestros padres y nuestros abuelos no hubieran dado crédito a este mundo tecnológico.

La era del chip y del ordenador ha sido la era que más ha influído en la historia del hombre. Ha transformado por completo la sociedad, la cultura, las ideas, el arte, la productividad, el conocimiento… casi todo. Lo que comenzó como un reto científico para cálculo y toma de decisiones simple, se ha convertido hoy en día en un símbolo de modernidad, evolución y riqueza.

En una carrera meteórica y sin freno, las máquinas inteligentes han pasado de ocupar cientos de metros y unas cuantas operaciones de proceso, a ocupar micras y a resolver millones de operaciones por segundo. La miniaturización, la velocidad y la capacidad de almacenamiento tienden a optimizarse casi cada mes. El grafeno ha nacido para desbancar al silicio, aportando una nueva generación de chips más pequeños, rápidos y económicos que los actuales. El camino hacia el ordenador cuántico es cuestión de unos pocos años.

La imaginación de la industria tampoco parece encontrar límites, y cada idea se convierte en una necesidad, en una droga para el consumidor que ha inyectarse para satisfacer su tecnodependencia. Aparecen cada vez más gadgets, cada cual más loco y de utilidad más que dudosa y prescindible. Estar a la última no es cuestión de dinero, sino de orgullo y dignidad. El punto débil del hombre moderno es su arrogancia y su sentido de la exclusividad, fácilmente conquistable y moldeable por empresas que tienen una pildorita (aparato tecnológico) que da la felicidad a cambio de un puñado (considerable) de euros.

Dar la vuelta al mundo en un día, hablar en el momento con un familiar al otro lado del planeta, comprar sin moverse de casa, gestionar trámites burocráticos en cualquier lugar y en cualquier momento, acceder a inconmensurables océanos de información, tener el control del mundo al alcance de la mano… ¡Qué maravillosa sensación de omnisciencia y omnipresencia! ¿Qué nos falta para ser dioses?

En un bolsillo podemos guardar infinitas posibilidades que están bajo nuestro control. Un simple teléfono móvil es un ordenador en miniatura, que nos permite navegar por un mar sin fin de datos, que nos organiza nuestra vida, que nos permite comunicarnos, que nos permite consultar nuestro correo, conocer el tiempo, consultar las acciones de la bolsa en tiempo real, acceder a las noticias de nuestros diarios favoritos, enterarnos de ofertas programadas en alertas, realizar fotografías o vídeos en alta definición, realizar videoconferencias, visualizar documentos, etc.

La nueva religión de nuestra era es la tecnología y la información. Somos adoradores y acólitos incondicionales de su influencia y de su maná. Nuestro espíritu está completo con su presencia, extasiado de sus milagros e iluminados por su bendición. No ser tecnoadicto hoy en día es ser un bicho raro, un ser anquilosado en creencias obsoletas, un aborigen del pasado que no está en su sitio ni en su momento.

Y vinieron profetas proclamando su nombre, erigiéndose como portavoces de su credo, sembrando en el corazón de los hombres la (su) semilla de sus mandamientos y de “su” palabra, ofreciendo (vendiendo) las estampitas milagrosas tocadas con su toque divino.

Y como en todo lo que el hombre toca, tergiversa el sentido de su origen y genera una suculenta industria que satisface unos valores nobles a costa de medios antónimos a sus enseñanzas.

La flamante, pulcra, aséptica e hipnótica estantería donde se exhibe lo último en tecnología, cual trampa para insectos en una noche de verano, esconde una verdad vil y execrable. Detrás de un ordenador, un teléfono móvil, un dispositivo móvil, una memoria USB, un periférico, un componente, un gadget… hay un largo trayecto lleno de sufrimiento humano, de dolor, de enfermedades, de explotación, de miseria y de muerte. Ocurre muy lejos, en países donde una vida humana no tiene apenas valor (si acaso alguna vez la tuvo). En países como China, se aprovecha de la economía emergente, del movimiento de las aldeas a las grandes urbes, de jóvenes con sueños de gloria y de prosperidad, con ilusiones de un futuro mejor, donde exprimen sus capacidades y su salud con jornadas laborales inhumanas por una miseria de sueldo, donde la precariedad es el día a día, donde la seguridad en el trabajo no existe, donde se exponen a la toxicidad de los productos que manipulan, donde los supervivientes, a los pocos años, vuelven a sus aldeas acabados, con su salud mermada, con una vida expoleada y con un futuro peor que el que dejaron. Esto es sólo el origen de ese capricho que tienes en tus manos. Pero el final de ese capricho no mejor que su origen. La industria que hay detrás de esta religión se reinventa constantemente, y a cada poco tiempo (menos de cinco años), esa píldora ya no tiene efecto (aunque funcionen impecablemente) y hay una píldora mejor, con la promesa de mayor felicidad aún. Has de renovar tus votos, actualizarte, comprarte esa droga que alimente tu ego y tu orgullo poseedor de la exclusividad frente a tus iguales, que te hace mayor creyente y más devoto. Has de deshacerte de esa píldora que te da un estatus tan bajo, y en la creencia de que vas a reciclarla por una nueva, surge un nuevo trayecto hacia el infierno. Esos extintos aparatos viajan a otros países lejanos, donde unos desharrapados cual zombies en busca de su vital sustento, transitan cementerios tecnológicos extrayendo lo poco que se puede reciclar, condenando su vida a la agonía producida por la toxicidad de sus componentes que reducen su tiempo a menos de la mitad, malvendiendo su preciado botín por cuatro duros para seguir subsistiendo en su pobreza. Y aquí no acaba el trayecto, pues lo que no se recicla termina contaminando el suelo, los acuíferos, los ríos, los mares, etc. Y termina por afectar a una cantidad incalculable de seres.

Nuestro Paraíso tecnológico se sustenta de un Infierno. Nuestro Paraíso dorado empieza y termina en un Infierno triste y atroz. Cuando compramos un ordenador o un teléfono móvil, indirectamente, estamos contribuyendo a la miseria, la enfermedad y la muerte de seres humanos. Puede que no seamos los culpables directos de estos crímenes, pero sí somos responsables de permitirlo, de costearlo, de pagar a esos profetas sarnosos y sin escrúpulos para que sigan manteniendo esa industria, a fin de lucrarse aún más a costa de la desgracia humana. A mí no me importaría pagar más por un aparato, sabiendo que hay un trato más justo y unas condiciones laborales más humanas para quienes lo fabrican, con unas medidas de seguridad aceptables, y cuya riqueza esté repartida y satisfecha para todos los que forman la cadena. ¿Hasta dónde nuestra adicción a la tecnología, o el hipnotismo descerebrado al que nos somete la religión tecnológica, ciega nuestros sentidos para ignorar o no darle importancia a esa verdad oculta? ¿Hasta dónde ha desinhibido nuestra humanidad esa droga maldita? ¿Acaso estamos tan anulados por la tecnología como para no darnos cuenta del daño que está produciendo? No me refiero sólo a los seres humanos que fabrican los productos que consumimos o que recuperan lo aprovechable (principio y fin de la cadena), sino también a nosotros mismos. ¿No nos hemos parado a pensar si las ondas electromagnéticas de nuestros teléfonos móviles o de las WiFis afectan a nuestro organismo? ¿No nos paramos a reflexionar la deshumanización que las tecnologías nos inyectan, como la falta de comunicación humano a humano, la degradación de las relaciones de pareja o de familia, o la falta de contacto con el mundo real? ¿Podrías ser capaz de irte de vacaciones sin un teléfono móvil o sin tu ordenador portátil? ¿Serías capaz de sustituir el rato que miras tu correo electrónico por una tarde de parque con tus hijos, o ayudarles en los deberes del colegio, o realizar cualquier labor de bricolaje en tu casa? ¿Serías capaz de resistirte a las nuevas ofertas de aparatos hasta que los que tienes dejen de funcionar de verdad? Y, en el caso de no tener esos aparatos, ¿resistirías la tentación de vivir sin ellos, o de probarlos, o de informarte de sus características?

Puede que en las últimas líneas haya expuesto una imagen un tanto exagerada de la situación. Lamentablemente, en muchos casos no es así. Hay auténticos yonquis de la tecnología. Necesitan cada vez más y más dosis de innovación, de funcionalidades, de gadgets, de ser los que destacan sobre el resto de mortales en su fervorosa fe, sintiéndose los elegidos de la felicidad eterna.

¿Qué hacemos entonces? ¿Dejamos de consumir tecnología? ¿Montamos manifestaciones por los derechos humanos y la dignidad humana? ¿Boicoteamos a las grandes multinacionales?

No soy quién para decir qué debe hacer cada uno. La libertad de expresión y la libertad de decisión va con cada uno. En las líneas anteriores he expresado libremente mi opinión sobre algo que me preocupa. Puedes, amigo lector, creerlo y estar de acuerdo conmigo, o no. Es tu libertad y decisión. Por esa razón, y siguiendo este razonamiento, mi libre opinión es dar a conocer esta realidad, adquirir y propagar esta información. Con esta información, reflexionar y tomar conciencia. En mi caso, trabajo y vivo de la tecnología, concretamente de la ingeniería del software. ¿Cambiaré de trabajo? Dudo mucho que pueda vivir de otra manera, siendo ésta mi pasión. Y en el caso de que cambie de trabajo, ¿cambiaré el mundo? Tampoco lo creo. Por una parte, no soy yonqui de la tecnología, y mi consumo es muy moderado, jubilando mis aparatos a una edad muy tardía. La tecnología es útil y necesaria para nuestro progreso. Pero es necesario saber hacer un buen uso de ella, y que todos, absolutamente todos se beneficien de ella. Por ello, creo que mi mejor aportación, según me dicta mi conciencia, es expandir a través de la tecnología y de internet, el mayor medio de difusión universal, esta información y esta opinión. Desde aquí, desde esta pantalla, desde este medio, quiero reivindicar el derecho para todos los seres humanos de un trabajo digno, con un sueldo respetable, con una seguridad impecable para la salud y la vida, con un respeto escrupuloso a estas personas por ser la base y la sustentación de nuestro modelo de vida, con las mismas oportunidades que cualquier otro trabajador para superarse y progresar en la cadena. No me importa pagar más por un producto creado de forma humana, que gracias a ese coste todos nos beneficiemos justamente.

sábado, 23 de octubre de 2010

Cambio de tecnología

Cuando viene una nueva tecnología llamada a convertirse en estándar, surgen fricciones ante el cambio. Eso mismo le ocurrieron a los monjes copistas cuando pasaron del pergmino al libro. ¿Ocurrirá lo mismo ahora entre el libro y el eBook?

miércoles, 20 de octubre de 2010

El lado oscuro de la tecnología

Interesantísimo documental en el que se destripa el origen y el destino de la tecnología que consumimos a diario, y por qué está tan barata, y los pocos escrúpulos de las multinacionales en usar mano de obra barata de forma precaria, exponiendo su salud a la muerte. Las imágenes y los testimonios (subtitulados) no tienen ningún desperdicio. Recomiendo hacer click sobre el icono de la pantalla para verlo a pantalla completa y leer bien los subtítulos:

Después de ver este vídeo, uno se piensa bien el comprar un aparato y contribuir así a la pobreza de millones de parias a favor de la riqueza de unos pocos, así como también llevar la enfermedad y la muerte. ¿Seremos, indirectamente, unos asesinos? Da qué pensar.

lunes, 15 de marzo de 2010

Proyectos

Es un poco viejo, pero refleja en muchos casos la realidad de los proyectos, no sólo tecnológicos.

sábado, 16 de enero de 2010

La tecnología y la cultura libre

En los últimos años estamos viviendo una vorágine de cambios y de "guerras" en el mundo de la cultura. Estos movimientos son necesarios y positivos para avanzar y evolucionar hacia una sociedad mejor. Algo está pasando cuando ciudadanos, autores e intermediarios están en cruenta batalla sobre la gestión y el uso de las obras culturales.

La tecnología, aunque no lo crean los acérrimos defensores de los derechos de autor, es la mejor bendición que podían haber tenido, pues gracias a la tecnología las obras llegan a más gente, en menos tiempo y de forma más accesible. Este tipo de promoción no se ha conocido en la historia, y una obra desconocida hoy puede ser conocida al otro lado del planeta en cuestión de minutos.

Pero, ¿qué ocurre para que haya tanto revuelo por el uso de estas tecnologías como para que la presunción de inocencia sea ignorada, y se acuse a cualquier ciudadano de a pie como un pirata, y que el simple hecho de descargar una canción sea un delito más grave que una paliza, una violación o incluso un asesinato? ¿No nos estaremos volviendo locos?

Los derechos de autor se crearon en una época en que las circunstancias sociales y culturales demandaban un modelo de protección de las obras. Este modelo ha sido explotado con éxito durante cerca de un siglo, con las mejores intenciones. Sin embargo, la cultura se ha convertido en un negocio, y en ese mundillo han llegado oligarcas que imponen su dominio sobre los autores, especialmente a los que empiezan, en donde atan cultura y autores mediante contratos abusivos y exclusivos. Un autor puede crear una obra con pasión e inspiración, pero la obra sólo le pertenece por nombre, pues la explotación de la misma está encadenada en la prisión de la industria. El autor no tiene derecho a decidir con quién editar la obra, con quién distribuirla, cómo promocionarla o cómo venderla. Una vez terminada su obra, se convierte en un títere con imagen, al que le caen las migajas tras haber sido repartido el botín por su explotación.

Entra también en juego la guerra entre oligarcas, por la supremacía del mercado, imponiendo sus catálogos, eclipsando promesas a la sombra de sus altas ramas. Así, en la lista de tops en obras no suelen estar los mejores (digo "suelen", no digo "no están"), y a menudo nos cuelan bodrios como si fueran algo delicatessen. Al final se vende lo que quieren, a base de talón, y no lo mejor a base de méritos y de sondeos de opinión.

En este circo hay mucho intermediario que se lleva gran parte de los beneficios sólo por hacer nada, acaso un contacto o una recomendación o un telefonazo. Algo injusto, pues el trabajo de la obra la hizo un autor encerrado en la soledad de su estudio durante gran parte de su tiempo (su vida), de su talento, de su esfuerzo y, muchas veces, de su propio dinero. Del total de la obra que se pone a la venta, el autor sólo ve una ínfima parte de los royalties que le presentan (muchas veces no coinciden con la realidad). Parte del resto se lo llevan parásitos chupasangres.

Surge un medio universal de conocimiento llamado Internet, en el cual es posible compartir y llegar a todas partes obras. La difusión es incalculable, y esto es muy bueno. Para el autor es la mejor promoción que le podía ocurrir, y además gratis. Todo el mundo conoce al autor, escucha su música, lee su libro, ve su cuadro o su escultura. Mucha gente querrá asistir a un concierto, o querrá pedirle que escriba algo para él, o que le pinte algo. Es trabajo directo, donde se crea un negocio sin intermediarios. Asistimos a un medio en el que una canción en MP3, un pdf de un libro, o la foto de una pintura o de una escultura, es una tarjeta de visita para darse a conocer.

A la industria esto le parece una intromisión, y pierde la exclusividad. Ve que los autores se dan cuenta de que hay otro tipo de negocio, y en ese negocio encuentran libertad. El autor es ahora libre de decidir qué hacer con su obra, cómo, cuando y con quién. Incluso el autor mismo puede distribuir su obra asumiendo los costes. Impotente ante esta tendencia inevitable, en lugar de adaptarse a la tecnología, al movimiento cultural, a ajustar su sistema de negocio de una manera mucho más popular y beneficiosa que antes, fruncen el entrecejo y atacan sin consideración ni respeto a los ciudadanos (que también son sus clientes, no lo olvidemos) por hacer uso de esa nueva cultura, y a los autores se les hace un lavado de cerebro convenciéndoles de que es ilegal (no hay leyes, pero untando a los políticos se crean leyes dictadas por su pluma, y no por la de jueces o de senadores), y que hay que seguir abrazando el antiguo dogma. Hay que vetar esa libertad de cultura, tanto para los ciudadanos como para los autores. El negocio se pierde si no imponemos nuestra oligarquía de una forma mucho más dura e inflexible, o morir matando.

Así, de esta guisa, los ciudadanos nos convertimos en delicuentes de la peor calaña, y de paso sufragamos los chalets y palacios de los oligarcas con impuestos revolucionarios. El canon digital es prueba de ello. Tenemos que pagar un canon por comprar un CD virgen, una memoria SSD, un disco duro, un teléfono móvil... donde guardamos las fotos de nuestras vacaciones o los documentos que generamos en nuestro trabajo, o por los programas de software libre que nos descargamos. Somos piratas, no "presuntos" piratas. Y pagamos por la ineficiencia de un modelo aligarca que se erige como defensor de algo que no defiende, si no que promueve eso que no defiende para imponer acciones que los vuelve más poderosos y ricos. Dicen defender los derechos de autor, cuando lo que defienden realmente es el derecho a pernada.

Ramoncín, antiguo autor de poca y reconocida trayectoria, incluso se ha permitido registrar su apodo, a fin de que no se pronuncie su "nombre artístico" en vano, so penalización por su uso. ¿Cuándo uno puede registrar su mote o apodo en exclusividad? Ramoncines he conocido muchos, y ahora no pueden utilizar su apodo. ¿Qué Paco, Manolo, Pepe, Charo, Clemen, Santi, Rafa, Edu, Charli, Chelo, Josemi, Goyo, Javichu, Toñi, Miguelón, Candy, Tito, Tino, Moncho, Espe, Alf, Alex, Use, Yoli, Rober, Pepelu, Juanlu, Nacho... puede registrar su apodo en exclusiva? ¿Qué organismo oficial o persona ha permitido ésto, cuando ese nombre es propiedad de la humanidad y de las costumbres populares incluso mucho antes de que este señor naciera? ¿Por qué registra algo que no ha creado? Un poco hipócrita viniendo del mayor defensor de los derechos de autor, ya que ha robado la creación a la humanidad y se la apropiado sin más. Además, pone como ejemplo a Coca-Cola, como si con eso puede evitar que se utilice su nombre para críticas. Lo único que permite un nombre o marca es su uso para obtener beneficios sin permiso de su propietario, no por críticas vertidas hacia dicho nombre o marca.

Pero dejando de lado esta anécdota, está claro que la cultura libre triunfará sobre las oligarquías. Es inevitable, y el modelo de libertad ha quedado claramente como beneficioso en todas las culturas. Comenzamos por el mercado libre, cuyo modelo se ha demostrado ser beneficioso para la civilización, el desarrollo de los países y de los ciudadanos, afectando también a lo social, la cultura, los servicios, la justicia, la ciudadanía, etc. Lo mismo está ocurriendo con el software libre, precursor de la cultura libre, pues el software es también cultura, y gracias a éste la cultura crece, une pueblos, civilizaciones y favorece la competitividad, logrando, al igual que el mercado libre, mejores productos, mejores tecnologías, mejores calidades, más ventas y clientes más satisfechos.

Con la cultura ocurrirá lo mismo. Una cultura libre dará la oportunidad a cualquier autor a promover su obra, tener no sólo el derecho de autoría si no también el de explotación. Podrá tener a su disposición herramientas para vender su obra, e incluso darse a conocer para que sus clientes utilicen libremente sus servicios. Libre no significa gratis, si no libertad para ofrecer la obra para que sea usada libremente, ya sea copiada o incluso utilizada como parte de otra obra. Si una obra es utilizada para otra obra, la autoría debe quedar patente en la nueva obra. Hay licencias que imponen que las obras derivadas se promuevan en los mismos términos que las obras originales. Por ejemplo, mi libro "SPI: el demonio que me despierta mientras duermo" (en el que se incluyen algunos artículos de otros co-autores) se editó bajo Creative Commons, de forma que no se pueda vender, que se reconozca la autoría, y que se pueda utilizar para crear nuevas obras. Este libro de divulgación permite que nuevas obras utilicen mi libro como base y añadan más información o información más actualizada sobre esta enfermedad. Estas obras deben mencionar mi obra y mi autoría, y además, no puede venderse y se debe editar bajo la misma premisa que mi obra. Con ello sale ganando la sociedad entera, pues se enriquecerá el conocimiento de esta enfermedad. Si acaso algún autor no respetase esta licencia, y publicase su obra sin mencionar la mía y además cobrando, tendría todo el derecho de denunciarlo. Puede que un juez imponga una multa económica e incluso que parte de los beneficios de su obra me sean remunerados por daños y perjuicios. En mi caso, escribí el libro para la divulgación del SPI sin ningún afán recaudatorio, por lo que, por ética, donaría esta remuneración a asociaciones de pacientes de SPI.

Cualquier ciudadano puede ser autor ahora, pues tiene libertad para serlo. Concentraría su talento en crear una obra. Una vez creada tiene la libertad de decidir qué hacer con ella. Si quiere venderla, tiene también la libertad de poder contar con un representante o de contactar con una editorial para que le asesore y permita mover los hilos para que su obra se pueda vender, o bien puede crear su propia página web y promover su obra, editando parte de la misma o la obra completa. Promoviendo en lugares de difusión y publicidad, su obra es rápidamente expandida y conocida. Puede añadir valores adicionales a su obra, como, por ejemplo, vender la edición impresa de su libro en un formato especial, o grabar un reproductor de MP3 con todas sus canciones, o incluso promover sorteos para entradas a un concierto, o de regalar una camisa firmada... la imaginación del marketing no tiene límites, y por todo ello tiene el control de su venta. También tiene la libertad de decidir con qué imprenta, o con qué serigrafía, u otra empresa, poder editar el formato físico de sus ventas. Los intermediarios desaparecen, por lo que el beneficio es mayor incluso rebajando el precio de venta. Gana el ciudadano, gana el autor y ganan las empresas que colaboran con el autor.

Otra ventaja de este sistema es que todos tienen las mismas oportunidades a darse a conocer. Aquí ya no hay favoritismos por tal o cual autor, ni zancadillas a los que no pasan por el aro o están rebeldes. Hay igualdad y equidad, y la ventaja de la escasez desaparece para los oligarcas. Cualquiera en Internet puede llegar a descubrir a ese nuevo talento, y si le gusta el MP3 que se descarga, puede comprarle camisetas firmadas, o una entrada para su próximo concierto, o, si se es un productor de cine, contratar la composición de la banda sonora de una película, o componer canciones para otros cantantes (que no autores). Si le gusta el libro que se descargó de la página web del autor, puede querer comprar la edición especial impresa dedicada y firmada, o incluso contratarle para escribir una historia o un artículo.

Esa libertad de cultura se implementará en una sociedad que ya se ha beneficiado del mercado libre y que se está beneficiando del software libre. La libertad mueve más y genera más. Se crea más cultura, nacen más autores bendecidos por el sol de la libertad. Los ciudadanos se beneficiarán de una cultura accesible y económica, y de la ventaja de tener más variedad, competencia, calidad y riqueza.

¿Qué pasará con los oligarcas? Al igual que con los antiguos oligarcas del pasado que controlaban las riquezas para sólo unos pocos, a costa de los pocos pobres que generaban algo de riqueza, en detrimento de su país y de su pueblo, aplastando cualquier brote de competencia y de nuevos valores culturales; tenderán a extinguirse o a adaptarse (los que menos). Yo les recomendaría que conocieran esta nueva cultura, y que su codicia desaparezca para brindar a los autores de los medios para promover y vender sus obras CON LIBERTAD Y SIN EXCLUSIVIDAD, creando servicios opcionales que ayuden a los autores a divulgar, distribuir y vender sus creaciones. Pero no a los precios abusivos de ahora, porque bajar un MP3 por 0,99 euros es el mismo precio por canción de un CD, y en ese proceso no hay ningún intermediario, ni costes de fabricación, distribución ni logística. Han de ser precios sin usura, que puedan competir con los de otras empresas nacidas de oligarcas del pasado. Esta competencia equilibraría los precios para que tanto el autor como el ciudadano se beneficie, y se genere un mercado nuevo que entierre el modelo actual, el cual empieza a pudrirse. Aquellos oligarcas que empiecen hoy con este nuevo modelo de negocio tendrán la ventaja del posicionamiento en el mercado.

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lunes, 9 de noviembre de 2009

La tecnología inalámbrica llevaba la muerte

Hace casi quince años fui de los primeros en llevar móvil en España, cuando las llamadas eran escandalosamente caras, cuando Moviline (Telefónica) era la única compañía de telefonía móvil y cuando el aparato pesaba casi medio kilo, no tenía pantalla, había que estar 12 horas cargando la batería, para que sólo tuvieses otras 12 horas de autonomía, y además, la batería se iba degradando rápidamente.

Hoy en día hasta los niños tienen teléfono móvil, y no teléfonos propiamente dichos, si no auténticas maravillas que se acercan a las capacidades de un ordenador y de una cámara de fotos o de vídeo. Algunos llevan varios móviles (como yo) y hay quien duerme con él. Muchos ya han quitado la línea convencional de teléfono, sustituyéndola por la del teléfono móvil.

Hoy día se hace inimaginable la sociedad sin este invento tan "necesario", que ha cambiado la vida de miles de millones de personas en todo el mundo, donde estar comunicado es fundamental, especialmente en el trabajo.

El teléfono móvil es algo tan habitual hoy en día como pueda serlo un reloj, e incluso el teléfono también define el status quo o el nivel del que lo porta en la sociedad, desde el básico de andar por casa, hasta el más friki, el más elegante o el más caro. No es exagerado ni raro ver discutir por un determinado teléfono móvil, y hay teléfonos que marcan tendencias, modas y clases, como puede ser el iPhone, que despierta asombros y envidias, como si de un BMW o Ferrari se tratara.

Pero tras esta revolución tecnológica se encuentra un prólogo hacia un genocidio encubierto. No lo digo sin datos, y lo trataré de mostrar en este post.

En su día, esto que está ocurriendo con el móvil, ocurrió también con el tabaco. Así, fumar era un reclamo para entrar en el club de la gente guay, de los machotes, de los intelectuales, de los que tenían suerte y todo les iba bien, del estilo, de la moda... Pero durante más de 50 años se encubrió un genocidio que iba matando poco a poco al individuo, en hornadas de millones de personas cada año. Se iba denunciando, pero la industria por un lado (defendiendo sus intereses, y con la morbosidad de añadir más veneno y atrayendo con sus campañas a más y más ingenuos) y los gobiernos por otro (por intereses económicos, obviamente), fueron encubriendo todo ello, hasta que la salud pública se hizo insostenible y los moribundos comenzaron a denunciar en su lecho de muerte.

En 1993 (hace ya 16 años), un hombre llamado David Reynard, denunció en el programa de Larry King a un fabricante de teléfonos móviles, acusándo a esta compañía de provocar el cáncer cerebral que acabó con la vida de su mujer. Obviamente, todo se acalló, y aquello no llegó a nada, a pesar de que llegó al congreso de Estados Unidos, y los miles de estudios que demostraban la seguridad de los móviles no aparecieron. La industria aseguró que no había peligro para la salud, debido a que la baja frecuencia de sus aparatos no producían efectos térmicos importantes.

Más adelante, bajo las presiones recibidas, ese mismo año la industria tuvo que abrir una investigación, y para ello contrató al doctor George Carlo, afín a los intereses de la propia industria (fue muy controvertido), para que se acallaran de una vez las acusaciones y disipar las dudas sobre los efectos sobre la salud de las antenas y emisiones. Esta investigación se financió con 28 millones de dólares, y tuvo a 200 científicos de todo el mundo. Se denominó Wireless Technologies Research (WTR o Investigación sobre las Tecnologías Inalámbricas).

Pero el tiro les salió por la culata, o, mejor dicho, el doctor George Carlo les salió rana. Porque durante la investigación, este doctor descubrió que no sólo los efectos térmicos afectaban a la salud humana, y estas tecnologías eran un cúmulo de elementos subversivos que socaban la salud. A medida que iba investigando, las diferencias entre George Carlo y la industria fueron haciéndose cada vez más evidentes.

Lo primero que descubrió fue el efecto de las interferencias que tenían los teléfonos móviles sobre los marcapasos, lo que costó que se interrumpiera la financiación durante nueve meses.

En 1999 George Carlo, durante el Estado de la Ciencia, ante más de cien científicos y periodistas, expuso el resultado de sus investigaciones sobre el campo de las tecnologías inalámbricas. Aquella exposición no gustó nada a la industria, pues se puso la irresponsabilidad en cuanto a la medición de las ondas, los efectos sobre la salud y la valoración de los riesgos y la información a los usuarios. La industria le reprochó por qué había hablado así cuando ellos le habían pagado tanto dinero. A esto, George Carlo respondió: "Yo me tomo mi trabajo muy en serio. El dinero no tiene nada que ver con esto".

En octubre de 1999, George Carlo envió cartas a 30 compañías exponiendo los resultados de sus investigaciones:
- Mayor índice de muerte por cáncer cerebral entre los usuarios que utilizan el teléfono pegado a la oreja que aquellos que usan manos libres.
- Mayor riesgo de neuroma acústico (tumor en el nervio auditivo) en aquellos que han usado el teléfono pegado a la oreja durante más de seis años. La relación entre el tiempo de uso y el tumor, es manifiesta.
- Riesgo a padecer tumores epiteliales raros estimado en más del doble.
- Correlación en la proporción de casos de tumores en el lado derecho de la cabeza (por el uso normal del teléfono en ese lado).
- Resultados positivos en laboratorio en daños genéticos debidos a la radiación de las antenas.

George Carlo recibió amenazas, al igual que su familia, e incluso una de sus casas fue incendiada adrede.

La industria ha acallado cualquier investigación que repercuta en los intereses millonarios de su suculento negocio. Asimismo, la industria repite una y otra vez que no hay ningún peligro ni hay prueba de ello, con el único interés de vender más y más. Pone en marcha campañas de desinformación. Cada vez sacan cosas más atractivas a los usuarios para que compren su producto. Cada vez más hay más modelos en menos tiempo, con características cada vez mejores, con el mensaje claro de "si no lo tienes eres retrasado y vives en el pleistoiceo". Y, lo peor de todo, es que también se lanzan mensajes para que los niños tengan estos aparatos, cuando su cerebro está en fase de desarrollo y absorben más las radiaciones de microondas.

Las investigaciones han seguido (y siguen hoy en día), y se extienden también a las Wifi y al bluetooth, que se han extendido de forma alarmante en nuestro planeta. El campo científico aborda ahora la electro-hipersensibilidad de las células, que provocan el cambio genético de las células, la mitosis, y por ende el cáncer. También se ha descubierto que el efecto sobre los cerebros de los individuos menores de 21 es mucho mayor que en los adultos, especialmente en los niños. En un adulto, la radiación penetra unas dos pulgadas, pero en los niños afecta a todo el cerebro.

Las recomendaciones son tener un teléfono lo más alejado de la cabeza y del cuerpo, usando para ello manos libres (a ser posible con cable). Para las comunicaciones informáticas, lo mejor son las conexiones por fibra óptica, y en caso de comunicaciones aéreas, que éstas sean de corto alcance y corta potencia.

En agosto de 2009, se hizo un sencillo estudio sobre los efectos del teléfono móvil en la sangre. La persona que lo hizo, estuvo más de 24 horas sin utilizar un teléfono, y luego fue sometido al uso del mismo.

El resultado fue el siguiente:

- 17 minutos: Células rotas. Redimensionadas. La degeneración comienza rápidamente (lo normal sería después de 110 días). Las células envejecen muy rápido.
- 30 minutos: Las células se deshacen. No se mueven. No llevan oxígeno. Posiblemente el hierro se ha magnetizado.

El estudio fue grabado en vídeo y publicado en YouTube:



El siguiente vídeo es una conferencia que dio el doctor George Carlo. Tened paciencia, pues aunque dure casi 40 minutos, no es nada aburrido, y este señor es una delicia escucharle exponiendo datos científicos de forma tan sencilla que hasta un niño lo entendería. Explica muy bien todo el proceso interno de las células y cómo reacciona ante las ondas electromagnéticas y sus implicaciones. No tiene ningún desperdicio.



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martes, 22 de septiembre de 2009

Visita al SIMO 2009

Día inaugural de SIMO 2009. El retorno de la consagrada feria de las tecnologías de la información, tras dos años en dique seco debido a la crisis mundial. Expectación, pues en la última edición me negué a ir porque ya era un circo, y acudía hasta el apuntador, desprestigiando a los profesionales. Este año (en teoría) era sólo para profesionales (aunque he visto alguna que otra familia con los nenes).

Empieza las 10:00. Personas fuera esperando. En el interior hay escáners para bolsas, paquetes y equipajes, como en el aeropuerto. También hay arcos detectores, y bandejas para dejar los objetos metálicos. Todo lleno de policias nacionales y algún que otro trajeado con "pinganillo", al estilo de la CIA o del FBI. Esto parece de película. ¿Será por seguridad o sólo porque el principito Felipe va a venir, seguramente con la corte de pelotas como Gallardón (alcalde de Madrid) y la Espe (presidenta de la Comunidad de Madrid?. No lo sé, pues no me quedé a esperarles.

Para entrar y salir en todos los pabellones y accesos, hay que pasar la tarjeta de identificación (código de barras en 2D y 3D) por un lector para el torniquete.

Primera sorpresa, vas andando desde el pabellón 1, y andas y andas, y andas, y todos los pabellones, a izquierda y derecha CERRADOS!!!! Llegamos al final, y el número 7 está abierto.

¡¡¡ Sorpresa !!! El pabellón 7 es muy diáfano, con pocos stands, muy separados y... adividinad: ¿quién ocupa más de la mitad del pabellón?. Nada más y nada menos que Microsoft, presentando su Ventanucos 7, su Exchange 2008, el Office y el Dynamics (por cierto, una pasada viendo cómo funciona en una mesa de pantalla táctil).

Pruebo algún que otro equipo funcionando con Ventanucos 7. Nada mal, acostumbrado a mi Vista. Parece (a primer a vista) más estable, robusto y funcional. Mi feeling es bueno.

Junto a Microsoft hay alguna que otra consultora de las que andan, como las rémoras, junto al gran tiburón blanco. Curiosamente, está Sun Microsystems con un stand muy pequeño, promocionando únicamente hardware, como sistemas de almacenamiento, y algún servidor modular. Una cosa extrañamente curiosa, y al final os contaré mi reflexión.

Bueno, vamos al pabellón 9, hay bastantes stands pequeñitos, como los de las ferias de pueblo. Los más pudientes tiene algún stand un poco más grande, como Acer o Airis. Pero los más grande pertenecen a SAP, HP, DELL (en un camión tráiler de color negro) y a la editorial que edita MacWorld. Alguno que otro ha contratado a un maestro cortador de jamón, que sabe rancio en esta feria (no por el jamón, es una ironía). Sorprendentemente, cerca de un cuarto del espacio de este pabellón está vallado y desaprovechado.

Salimos fuera y nos encontramos que el resto de pabellones al otro lado están cerrados. ¡No puede ser! ¿Cómo va a haber sólo dos pabellones para el SIMO?. Volvemos a entrar y preguntamos. ¡SOLO HAY DOS PABELLONES! Algo que ves en apenas una hora y media.

En Telefonía está Vodafone y Telefónica. Pero no hay fabricantes de teléfonos móviles, como Nokia, Panasonic, Samsung o Motorla, como en otras ediciones. Sólo hay compañías de telefonía, y sólo las más grandes (echo en falta a Symio, Yoigo u Orange).

En software están los de SAP y los más conocidos en ERP y en CRM. Pero empiezo a echar en falta a los grandes fabricantes de software y de bases de datos (como Oracle). No han acudido Adobe, ni Java, ni empresas de software libre (sólo encontré Opentrad, con un software de traducción libre, y Cenatic, de forma muy discreta), ni Hispalinux, ni la comunidad de Extremadura (con su Linex), ni la Junta de Andalucia... ¿DONDE ESTAN?

Pregunto a unos amigos que tenían un stand en la feria (hace años trabajé con ellos), y me chistan para que baje la voz y no pronuncie la palabra maldita: software libre. Este gesto me mosquea. ¿No hay pasta para estos fabricantes debido a la crisis? ¿La organización del SIMO ha hecho algo por lo que estos fabricantes no estén de acuerdo y no hayan asistido? ¿O acaso hay una política discriminatoria con respecto al software libre? Lo ignoro, pero el retorno del SIMO es agridulce ante esta perspectiva desoladora.

Me quedan todas las dudas del mundo acerca de lo que Oracle va a hacer con los productos de Sun Microsystems, como Java, MySQL o StarOffice. Me quedan dudas sobre qué hace ahora Borland que ha sido otra vez adquirida. Se hablaba de un Delphi 2010, pero me quedo con las ganas. Me quedo con las ganas también de conocer alternativas a estos tiburones, sean o no libres. Opentrad (que por cierto, el comercial que me atendió fue amabilísimo, me explicó todo muy bien e incluso me invitó a un zumo de naranja recién exprimido), era el único fabricante de software libre, pero no competía con nadie de la feria en su terreno. Lo mismo ocurría con algunos fabricantes de hardware humildes. Se pone de manifiesto el abismo entre ricos y pobres, las apariencias y la publicidad que ponen ante la diferencia de imagen, los que tienen un poder abusivo y que no permiten la competencia.

Mi opinión es que el SIMO ha vuelto, y es un buena noticia, pues se vuelve a reactivar el mercado y hay esperanzas de volver a la fertilidad tecnológica. Por otro lado, el sabor amargo ante la poca oferta que imponen, la diferencia abismal entre tiburones, rémoras y gorriones que pican las migajas, y que el software libre haya sido eliminado del directorio de la feria, siendo hoy en día uno de los principales candidatos a un nuevo mercado rico en ideas y en competitividad. Está visto que el SIMO pertenece a cuatro gigantes que no deja crecer la hierba bajo su sombra.

Me fui de la feria dos horas y cuarto después de haber llegado, desazonado y triste. No tuve ni ganas de ver al principito y su corte de pelotas con afán de cámara y publicidad falsa. Para colmo, las dos horas y cuarto de parking me salió por 4,15 euros. TODO UN ROBO!!!!

lunes, 13 de abril de 2009

10 habilidades para los desarrolladores del futuro

Leo en dosideas.com un interesante artículo escrito por Leonardo de Seta, donde analiza las habilidades que más van a ser demandadas en los próximos cinco años y que aseguran un currículum con porvenir.

La verdad es que coincido plenamente con casi todas ellas, a no ser que descubramos una nueva revolución y las tendencias cambien. Aunque tal y como están las cosas y con esta crisis va a ser difícil, pero quien lo haga, desde luego, cambiará las reglas e impulsará nuestro estancado mundo.


1. Uno de los "3 Grandes" (Java, .NET, PHP)

A menos que ocurra algún cambio radical en el mundo del desarrollo (como ser un asteroide que caiga sobre Redmond), la mayoría de los desarrolladores van a necesitar conocer alguno de los Tres Grandes sistemas de desarrollo: Java , .NET (VB.NET o C#), o PHP. Y tampoco alcanza con conocer al lenguaje principal. A medida que los proyectos crecen y van acaparando más funcionalidad, vamos a necesitar conocer los frameworks y librerías asociadas con profundidad.


2. Aplicaciones Ricas de Internet (RIA - Rich Internet Applications)

Lo pueden amar u odiar, pero en los últimos años Flash se está usando para algo más que animaciones graciosas. Flash también obtuvo funcionalidad adicional en la forma de Flex y AIR. Los competidores de Flash, como JavaFX y Silverlight, también están mejorando en caracerísticas y performance. Los navegadores están mejorando sus motores JavaScript, el cual se perfila como una plataforma de aplicaciones web. Para hacer las cosas más complicadas, HTML 5 va a incorporar montón de funcionalidad RIA, incluyendo conexión a la base de datos, poniendo así el sello formal de la W3C a AJAX. En el futuro cercano, tener experiencia en RIA va a ser un factor determinante en nuestro currículum.


3. Desarrollo web

El desarrollo web no va a desaparecer en el futuro. Muchos desarrolladores hasta ahora estuvieron felices ignorando la web, o sólo quedándose con "lo básico" que les brindaba su framework. Pero las empresas están demandando más y más a quienes realmente conocen cómo trabajar con las tecnologías subyacentes. Así que deberemos mejorar nuestros conocimientos de JavaScript, CSS y HTML para tener éxito en los próximos cinco años.


4. Servicios web

¿REST o SOAP? ¿JSON o XML? Aunque las elecciones y las respuestas dependen del proyecto, cada vez es más dificil ser un desarrollador sin tener que consumir Servicios Web (incluso aunque nuestro desarrollo no sea una aplicación Web). Incluso las área que solían ser terreno de ODBC, COM o RPC ahora están avanzando hacia Servicios Web de algún tipo. Los desarrolladores que no puedan trabajar con Servicios Web van a terminar relegados a tareas de mantenimiento en código legacy.
5. Habilidades humanas

Hay una tendencia que viene ocurriendo hace ya un tiempo: la creciente visibilidad de IT dentro y fuera de la organización. Los desarrolladores están participando más y más de reuniones que no son de desarrollo y de procesos para obtener feedback de ellos. Por ejemplo, el CFO no puede cambiar las reglas de contabilidad sin trabajar junto a IT para actualizar el sistema. Y un gerente de operaciones no puede cambiar el proceso de los call caenter sin que IT actualice el workflow del CRM. De la misma forma, los clientes a menudo necesitan trabajar directamente con los equipos de desarrollo para asegurarse que se cumplan sus necesidades. ¿Va a ser necesario que todos los desarrolladores estudien Cómo hacer amigos e influenciar personas? No. Pero los desarrolladores que lo logren van a ser mucho más valiosos para sus empleadores - y serán muy buscados en el mercado.


6. Un lenguaje de programación dinámico y/o funcional

Los lenguajes como Ruby, Python, F# y Groovy todavía no son muy populares - pero si lo son las ideas detrás de ellos. Por ejemplo, el sistema LINQ en .NET es un descendiente directo de las técnicas de programación funcional. Tanto Ruby como Python son cada vez más populares en algunos sectores, gracias al framework Rails y Silverlight respectivamente. Aprender uno de estos lenguajes no sólo va a mejorar nuestro currículum, sino también que va a expandir nuestro horizonte. Todos los grandes desarrolladores recomiendan aprender al menos un lenguajes dinámico o funcional para lograr aprender nuevos formas de pensar.


7. Metodologías ágiles

A medida que pasa el tiempo, las ideas detras de Ágil se vuelven más definidas y mejor expresadas. Muchas organizaciones están adoptando Ágil o haciendo pruebas de concepto con Ágil. Aunque Ágil no es la bala de plata para evitar fracasar en un proyecto, definitivamente tiene su lugar en muchos proyectos. Los desarrolladores que tengan experiencia en trabajar y comprender los ambientes Ágiles van a ser cada vez más demandados en los próximos cinco años.


8. Conocimiento de dominio

De la mano con las metodologías ágiles, los equipos de desarrollo son cada vez más vistos socios en la definición de proyectos. Esto significa que los desarrolladores que comprendan el problema del dominio van a poder contribuir al proyecto de una forma muy visible y valiosa. Con Ágil, un desarrollador puede decir "Desde aquí, podemos agregar esta funcionalidad muy facilmente, y obtendremos mucho valor", o "Hey, este requerimiento no está acorde al patrón de uso que muestran los logs". Por más que muchos desarrolladores resistan la idea de conocer nada sobre el problema de dominio, no puede negarse que cada vez más organizaciones prefieren (si no incluso requieren) a desarrolladores que al menos comprendan lo básico sobre el negocio.


9. "Higiene" de desarrollo

Hasta hace pocos años atras, muchas (si no todas) las organizaciones no tenían acceso a sistemas de bug tracking, control de versiones y otras herramientas; todo se resumia a los desarrolladores y su IDE preferido. Pero gracias a la creación de nuevos entornos integrados de desarrollo y la explosión de entornos de software libre de alta calidad, ya casi no existen organizaciones sin estas herramientas. Los desarrolladores tienen que conocer mucho más que sólo hacer un checkout del código. Necesitan tener un hábito riguroso de higiene para asegurarse que están correctamente coordinados con el equipo. Los "programadores solitarios" que guardan todo local, que no documentan los cambios y demás, no van a ser bienvenidos en las organizaciones tradicionales, y van a a quedar directamente fuera de lugar en los entornos Ágiles, en donde se utiliza una coordinación fuerte entre los equipos para operar.


10. Desarrollo móvil

Durante los fines de 1990 el desarrollo web creció y ganó adopción general, para así comenzar a desplazar a las aplicaciones tradicionales de escritorio. En 2008, el desarrollo para dispositivos móviles despegó finalmente, y en los próximos cinco años va a crecer de forma constante. Por supuesto, existen varios enfoques al desarrollo móvil: aplicaciones web diseñadas para funcionar en dispositivos móviles, RIAs apuntadas a este mercado, y aplicaciones que se ejecutan directamente en los dispositivos. Sin importar qué camino elijamos, nos va a servir agregar el desarrollo móvil a nuestro grupo de habilidades.

miércoles, 15 de octubre de 2008

La crisis y la tecnología

La voraz e inconsumible crisis que asola todo el planeta afecta también a las tecnologías. Hace meses no veo tantas novedades en el panorama tecnológico, las releases de las distribuciones Linux no son tan frecuentes, y las innovaciones no tienen tanto eco. Lo último, el SIMO se ha cancelado por primera vez en su historia, ante la ausencia de sus principales patrocinadores.

¿Cómo está afectando la crisis mundial en nuestro mundo tecnológico?. Principalmente, los clientes que demandaban tecnología congelan proyectos, y los que están en marcha, si no tienen un ROI (retorno de la inversión) inmediato, también se paralizan. Por tanto, la maquinaria se queda parada, y sólo unos pocos intrépidos (o insensatos) continúan adelante. En alguna compañía demandan proyectos bajo subasta, es decir, que sacan un pliego, se presentan varias empresas tecnológicas con una oferta, cogen la más baja, y a todas estas empresa les insta a ver quién baja un 15%. Si hay más de una que puja, entonces hay otra oferta bajando otro 5%. Y así hasta que sólo quede una.

Tal y como lo veo, es más el miedo y la imagen virtual que se forma en torno a la crisis que lo que es realmente la crisis. Los miedos son chispas que encienden el bosque entero, y ante esta situación, en lugar de echar agua se echa gasolina.

A lo mejor esta crisis nos hace más fuertes, más ingeniosos, más inteligentes, más audaces y más fuertes. Aquí es donde realmente aquellos que valen destacan, y los mediocres se hunden. Porque navegar en un mar calmo es muy sencillo y cualquiera puede hacerlo. Pero gobernar la nave en una tormenta es sólo para los grandes capitanes.

Así está ocurriendo con empresas como BSCH, que en el gremio más castigado por la crisis se permite el lujo de comprar otros bancos y hacerse más grande. Lo mismo ocurre con Microsoft o Google, que recientemente han comprado empresas.

Creo que en la tecnología ocurrirá lo mismo, y que esta crisis va a cambiar la forma de hacer negocios tecnológicos, aunque en un principio sea doloroso. Ya no va a haber proyectos "fantasmas" para justificar la asignación de presupuestos para innovación. Ya no va haber tanto coleguismo y comisiones en productos, servicios y consultorías. Ya no va haber tantos "engordes" de presupuesto, en la que la jornada de un consultor cuesta tanto como el sueldo mensual de la mayoría de los españoles. Ya no va a haber tanta actualización sólo por estar a lo último, y no porque realmente se necesita. Ya se va a empezar a eliminar pirámides invertidas cuyos costes son exacerbados. Ya se va a ver el software libre como una alternativa real, aunque al principio sea sólo por el concepto de que es más barato, y no por su aporte tecnológico y social. Ya se va a considerar a un técnico como la persona más valiosa de toda la cadena tecnológica.

Podría enumerar tantas y tantas premisas sobre los atropellos y abusos que ha habido desde que me alcanza la memoria, que no darían a basto en este post. Y la verdad, me gustaría que se acabaran, porque lo que hacen es minar la profesionalidad de esta profesión, y a la que los clientes ven como "una moto" o "mucho humo".

En esta España que nunca abandonó la picaresca, no dejará de existir el pillaje. Pero la crisis creo que va a ser una buena limpiadora de buscones y lazarillos, dejando en el camino los cadáveres de los mediocres. Tan sólo los espabilados, los osados, los inteligentes, destacarán al final de la hambruna.